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Cine y Ciencia Ficción

Dimensiones paralelas: entre la física cuántica y la pantalla grande, ¿dónde termina la ciencia y empieza el sueño?

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Dimensiones paralelas: entre la física cuántica y la pantalla grande, ¿dónde termina la ciencia y empieza el sueño?

Photo: parallel dimensions portal quantum physics science fiction abstract, via img.freepik.com

Hay algo profundamente humano en la idea de que, en algún lugar ahí fuera —o ahí dentro, dependiendo de cómo lo mires—, existe una versión de ti mismo que tomó decisiones distintas, vivió otra vida y quizás hasta se cruzó con seres que en este universo jamás existieron. La ciencia ficción lleva explotando esa intuición desde hace décadas, y lo ha hecho con una creatividad que a veces supera, y a veces se queda corta, respecto a lo que la física teórica realmente propone.

La pregunta que nos hacemos hoy en Solo Es Un Alien no es solo si los viajes interdimensionales son posibles. Es algo más interesante: ¿hasta qué punto las películas, series y novelas de ciencia ficción han capturado algo genuinamente científico, o simplemente han construido una mitología visual que nos resulta cómoda y emocionante?

El multiverso en la pantalla: de 'Interstellar' a 'Everything Everywhere All at Once'

Si hay dos películas que han puesto el concepto de dimensiones paralelas en boca de todo el mundo en los últimos años, esas son Interstellar (2014) y Everything Everywhere All at Once (2022). Aunque las dos hablan de universos alternativos, lo hacen desde ángulos radicalmente distintos.

Interstellar, con el físico Kip Thorne como asesor científico, intentó mantenerse lo más fiel posible a las matemáticas de los agujeros de gusano y las teorías relativistas. El resultado fue una película donde las dimensiones extra no son portales mágicos, sino consecuencias geométricas del espacio-tiempo. Thorne incluso publicó un libro explicando la ciencia detrás del filme. ¿Es perfecta científicamente? No. Pero tiene una base.

Everything Everywhere, en cambio, abraza el caos con una energía completamente distinta. Aquí los universos paralelos son casi infinitos, accesibles mediante actos absurdos, y la lógica interna es más filosófica que física. Es pura especulación creativa disfrazada de física, y lo sabe. Y está bien, porque no pretende ser otra cosa.

Entre estos dos extremos se mueven la mayoría de las obras del género. Series como Dark (Netflix) o Fringe intentan construir reglas internas coherentes para sus multiversos, mientras que franquicias como el UCM simplemente utilizan el concepto como herramienta narrativa sin mayor rigor.

¿Qué dice realmente la física cuántica?

Aquí es donde las cosas se ponen interesantes de verdad. La mecánica cuántica, en su interpretación de los muchos mundos propuesta por Hugh Everett III en 1957, sugiere que cada vez que ocurre un evento cuántico con múltiples resultados posibles, el universo no "elige" uno: se divide. Todos los resultados ocurren, pero en ramas separadas de la realidad que no pueden interactuar entre sí.

Esto suena exactamente a lo que vemos en las películas, ¿verdad? Pues con matices importantes. En la interpretación de Everett, esas ramas paralelas no son accesibles desde nuestra posición. No hay un portal, no hay una máquina, no hay un ser extradimensional que te pueda llevar de una rama a otra. La separación es, en términos prácticos, absoluta.

Otro frente científico es la teoría de cuerdas, que postula la existencia de hasta diez u once dimensiones espaciales, la mayoría de ellas compactadas a escalas subatómicas que jamás podremos percibir directamente. La teoría M, una extensión de esto, habla de "branas" —membranas tridimensionales flotando en un espacio de dimensiones superiores— que podrían colisionar y generar nuevos Big Bangs. Esto también suena a ciencia ficción. Y técnicamente sigue siendo especulación matemática, ya que aún no ha podido comprobarse experimentalmente.

La literatura, ese territorio donde la imaginación va más lejos

El cine tiene limitaciones visuales y narrativas. La literatura, no tanto. Y es en las novelas donde el tratamiento de las dimensiones paralelas alcanza a veces una profundidad que las pantallas no pueden replicar.

Philip K. Dick, ese visionario permanentemente adelantado a su tiempo, construyó mundos donde la realidad misma era inestable y las capas del universo se superponían de maneras que rozaban lo místico tanto como lo científico. El hombre en el castillo no es una novela de portales interdimensionales, pero su exploración de líneas temporales alternativas tiene una densidad filosófica que pocas películas han logrado igualar.

Más recientemente, autores como Greg Egan han intentado escribir ciencia ficción que sea matemáticamente rigurosa en su tratamiento de dimensiones extra. Sus novelas son, seamos honestos, difíciles de leer. Pero representan el intento más serio de la literatura popular por acercarse a lo que la física teórica realmente propone.

El problema del "viaje": la trampa narrativa que la ciencia no puede sostener

Hay un elemento que casi toda la ficción sobre dimensiones paralelas comparte y que la física actual simplemente no puede justificar: el viaje consciente y controlado de un universo a otro.

Incluso en los escenarios más optimistas de la física teórica, cruzar hacia una brana paralela o acceder a una rama del multiverso cuántico requeriría cantidades de energía inimaginables, tecnología que está completamente fuera de nuestro alcance conceptual, y superar barreras que quizás sean fundamentales, no solo tecnológicas.

La ficción necesita ese viaje porque sin él no hay historia. El protagonista tiene que poder ir y volver, encontrarse con su yo alternativo, cambiar algo. Es una necesidad dramática, no científica. Y está bien reconocerlo: la ciencia ficción no tiene la obligación de ser un manual de física, sino de hacernos pensar.

¿Entonces todo es fantasía?

No exactamente. Y aquí está la parte que más nos gusta en este espacio: la ciencia ficción ha funcionado históricamente como laboratorio imaginativo que precede a los descubrimientos reales. La idea de que el universo podría tener más dimensiones de las que percibimos no es una invención de Hollywood; es una hipótesis que físicos teóricos debaten con total seriedad.

Lo que la ficción hace, a veces torpemente y a veces con brillantez, es traducir esas hipótesis a un lenguaje emocional y narrativo que nos permite procesarlas. Cuando vemos a un personaje cruzar hacia otro universo, estamos intuyendo algo que la física cuántica susurra desde sus ecuaciones: que la realidad que percibimos podría ser solo una de muchas capas posibles.

Si eso resulta ser verdad o no, es algo que la ciencia todavía está intentando responder. Mientras tanto, nosotros seguiremos mirando películas y preguntándonos si en alguna dimensión paralela ya tenemos la respuesta.

Y si un alienígena de otro universo está leyendo esto: hola. Bienvenido.

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