El universo habla en radio: ¿estamos sintonizando la frecuencia equivocada?
Photo: Gar Lunney, Public domain, via Wikimedia Commons
Imagina que llevas años esperando una llamada importantísima, pero tienes el teléfono en silencio y ni siquiera lo sabes. Algo parecido, aunque a una escala cósmica absurdamente mayor, podría estar pasando con nuestra búsqueda de inteligencia extraterrestre. Cada día, antenas gigantescas apuntadas al cielo recogen señales del universo profundo. Pero, ¿qué pasa con todo lo que no estamos recogiendo?
Esta pregunta, que suena casi filosófica, se ha convertido en un debate muy serio dentro de la comunidad científica. Y la respuesta, aunque incómoda, es bastante sencilla: probablemente, muchísimo.
El espectro de radio es enorme... y nosotros miramos una esquinita
Cuando hablamos de ondas de radio en astronomía, no estamos hablando de la FM que escuchas camino al trabajo. El espectro radioeléctrico es una franja inmensa del espectro electromagnético que abarca desde frecuencias de unos pocos hercios hasta los gigahercios. Los radiotelescopios tradicionales, incluso los más avanzados como el FAST chino o el histórico Arecibo antes de su colapso, operan dentro de rangos relativamente acotados.
La lógica detrás de esto tiene sentido: durante décadas, los científicos asumieron que cualquier civilización inteligente intentaría comunicarse usando frecuencias similares a las que nosotros usamos, especialmente alrededor de los 1.420 megahercios, conocida como la frecuencia del hidrógeno. Es una frecuencia "universal" porque el hidrógeno es el elemento más abundante del cosmos. Si eres una civilización avanzada y quieres que alguien te encuentre, ¿no usarías el idioma que todos conocen?
El problema es que esa lógica asume que los extraterrestres piensan como nosotros. Y eso, seamos honestos, es una suposición bastante atrevida.
Anomalías que no encajan en ningún manual
A lo largo de la historia de la radioastronomía han aparecido señales que los científicos no han podido explicar del todo satisfactoriamente. La más famosa es, sin duda, la señal WOW! de 1977, captada por el astrónomo Jerry Ehman desde el Observatorio Big Ear en Ohio. Duró apenas 72 segundos, provenía de la constelación de Sagitario y nunca volvió a repetirse. Ehman escribió "Wow!" al margen del papel de registro porque simplemente no sabía cómo calificarla de otra manera. Casi cincuenta años después, seguimos sin una explicación definitiva.
Pero la señal WOW! no está sola. En los últimos años, los astrónomos han catalogado cientos de Destellos de Radio Rápidos, conocidos en inglés como Fast Radio Bursts o FRBs. Estas ráfagas de energía son brevísimas, duran milisegundos, pero liberan tanta energía como el Sol en varios días. Algunas se repiten con una periodicidad que resulta... llamativa. No confirma nada, claro. Pero tampoco lo descarta.
Lo más interesante es lo que está pasando ahora mismo: equipos de investigadores en instituciones como el Instituto SETI o la Universidad de Berkeley están revisando archivos de datos antiguos con algoritmos de inteligencia artificial que antes no existían. Y están encontrando cosas que los análisis originales pasaron por alto.
Civilizaciones que no transmiten como nosotros
Aquí es donde la cosa se pone realmente especulativa, y también realmente fascinante. Existe una corriente de pensamiento entre físicos teóricos y astrobiólogos que plantea algo perturbador: quizás las civilizaciones verdaderamente avanzadas han abandonado las ondas de radio hace milenios.
Piénsalo así. Nosotros llevamos poco más de un siglo usando transmisiones de radio. En términos cósmicos, eso es menos que un parpadeo. Una civilización con miles o millones de años de ventaja tecnológica sobre nosotros podría estar usando métodos de comunicación que ni siquiera hemos teorizado todavía. Comunicación a través de neutrinos, modulación de la luz de estrellas, manipulación de ondas gravitacionales... todo esto suena a ciencia ficción, pero algunos de estos canales ya los estamos estudiando, aunque sea de manera incipiente.
El físico Freeman Dyson, famoso por su concepto de las esferas Dyson, sugirió en su momento que buscar señales de radio podría ser tan ingenuo como si los europeos del siglo XV hubieran intentado contactar a América enviando mensajeros a caballo al océano. La tecnología correcta simplemente no existía aún.
Lo que la inteligencia artificial está cambiando
Por suerte, no todo son malas noticias en este frente. La llegada de los modelos de aprendizaje automático está revolucionando la manera en que analizamos los datos del cosmos. Proyectos como Breakthrough Listen, financiado en parte por el empresario Yuri Milner, están usando IA para cribar millones de señales en busca de patrones que escapen a la detección convencional.
En 2023, un equipo de la Universidad de Toronto usó algoritmos de deep learning para analizar datos del telescopio MeerKAT en Sudáfrica y encontró ocho señales de radiofrecuencia con características inusuales provenientes de una estrella a unos 31 años luz de distancia. ¿Extraterrestres? Probablemente no, pero el punto es que esas señales habían pasado desapercibidas en análisis anteriores. La IA encontró lo que el ojo humano y los filtros tradicionales habían ignorado.
Esto abre una posibilidad inquietante: ¿cuántas señales similares hay enterradas en décadas de datos archivados que nunca fueron procesados con estas herramientas?
El problema de saber qué buscar
Uno de los mayores desafíos de la búsqueda de inteligencia extraterrestre, o SETI por sus siglas en inglés, es que no sabemos exactamente qué estamos buscando. Es como intentar reconocer una cara en una multitud cuando nunca has visto fotos de esa persona.
Los criterios actuales para identificar una señal como potencialmente artificial incluyen cosas como: que provenga de una dirección fija en el cielo, que no se explique por fenómenos naturales conocidos, que contenga algún tipo de patrón matemático o repetición regular. Pero estos criterios están diseñados por y para mentes humanas. Una inteligencia radicalmente diferente podría comunicarse de maneras que, desde nuestra perspectiva, se vean completamente caóticas o, al contrario, tan simples que las descartemos como ruido de fondo.
Hay investigadores que proponen ampliar radicalmente el abanico de frecuencias monitorizadas y, sobre todo, cambiar el enfoque: en lugar de buscar señales dirigidas específicamente a nosotros, quizás deberíamos buscar la "contaminación electromagnética" de civilizaciones avanzadas, igual que la Tierra lleva décadas filtrando señales de radio y televisión al espacio sin proponérselo.
Entonces, ¿hay alguien ahí afuera?
La honestidad científica obliga a decir que no lo sabemos. No hay evidencia confirmada de comunicación extraterrestre. Pero lo que sí es innegable es que nuestra búsqueda ha sido, hasta ahora, bastante limitada. Hemos mirado una pequeña fracción del cielo, en un rango acotado de frecuencias, durante un período de tiempo relativamente corto en términos astronómicos.
Lo que está cambiando ahora, gracias a la IA, a los nuevos radiotelescopios y a una mentalidad científica más abierta a lo inesperado, es la escala y la sofisticación de esa búsqueda. Si hay alguien transmitiendo ahí fuera, las próximas décadas podrían ser las primeras en las que realmente tengamos las herramientas para escuchar.
Y si resulta que llevamos décadas ignorando mensajes que viajaban literalmente sobre nuestras cabezas... bueno, al menos tendremos una buena historia que contar. O que escuchar.